La seguridad es una ilusión
Existe una palabra sánscrita que me encanta: Maya. Su significado es sueño, ilusión.
Una de las enseñanzas del budismo consiste en que invita a profundizar tanto en uno mismo que se sea capaz de discernir el maya que es nuestro mundo. Maya es como un tejido de sueños que está entre nosotros y la verdad. En puridad podría decirse que yo mismo soy maya.
Yo, que me autodefino como buscador, me encuentro a diario con situaciones que me bajan a la tierra y que tiendo a tomarme como ataques a mi manera de entender la espiritualidad propia. Un error mío desde luego, como tantos otros. Tiendo a imaginarme la espiritualidad como algo separado de las cosas mundanas y terrenales, y ese es precisamente el error que tantos maestros han señalado. Dios no está en la montaña, sino en el mercado.
Teniendo cierto bagaje en meditación y esperiencias espirituales tiendo a olvidarme demasiado deprisa de que vivo en un mundo que tiene sus propias reglas, y también de que yo mismo tengo mis propias reglas, aunque intente trascenderlas o cambiarlas. Una de esas reglas es que yo, necesito seguridad en mi vida.
Llevo varios años intentando asumir que hay que vivir el presente, que tengo que estar preparado para que cada momento sea el último, que la seguridad es algo absolutamente efímero. Y sigo encontrando que necesito seguridad en algunos ámbitos. Necesito imaginar que mi casa no se habrá caido a la mañana siguiente, que mis amigos están bien y que si les pasase algo grave me enteraría, que en el camino que llevo habrá momentos hermosos.
Una tontería, desde luego. Como tantas otras.
Una de las enseñanzas del budismo consiste en que invita a profundizar tanto en uno mismo que se sea capaz de discernir el maya que es nuestro mundo. Maya es como un tejido de sueños que está entre nosotros y la verdad. En puridad podría decirse que yo mismo soy maya.
Yo, que me autodefino como buscador, me encuentro a diario con situaciones que me bajan a la tierra y que tiendo a tomarme como ataques a mi manera de entender la espiritualidad propia. Un error mío desde luego, como tantos otros. Tiendo a imaginarme la espiritualidad como algo separado de las cosas mundanas y terrenales, y ese es precisamente el error que tantos maestros han señalado. Dios no está en la montaña, sino en el mercado.
Teniendo cierto bagaje en meditación y esperiencias espirituales tiendo a olvidarme demasiado deprisa de que vivo en un mundo que tiene sus propias reglas, y también de que yo mismo tengo mis propias reglas, aunque intente trascenderlas o cambiarlas. Una de esas reglas es que yo, necesito seguridad en mi vida.
Llevo varios años intentando asumir que hay que vivir el presente, que tengo que estar preparado para que cada momento sea el último, que la seguridad es algo absolutamente efímero. Y sigo encontrando que necesito seguridad en algunos ámbitos. Necesito imaginar que mi casa no se habrá caido a la mañana siguiente, que mis amigos están bien y que si les pasase algo grave me enteraría, que en el camino que llevo habrá momentos hermosos.
Una tontería, desde luego. Como tantas otras.